
Una pequeña rana que todas las mañanas al despertar
soñaba con un lago profundo más allá de su mundo.
Quería conocer una nueva vida, un nuevo amanecer,
ella... la soñadora cantaba a toda hora su himno al amor.
Su príncipe lejano que conociera un día la letra le dicto
así, pasando el día saltando despacito a su meta llego.
Como nos gustaría saltar también de alegría y llegar a la isla,
aquella tan lejana, que como esta rana nos concedió el amor.
Será que ya los saltos no los damos tan altos… ya nos abandono,
probemos despacito uno por cada año, veremos que en antaño
fuimos mejores ranas, saltando los escollos descalzos en un pie.






