jueves, 15 de octubre de 2026

LOS GUARDIANES DEL SILENCIO

LOS GUARDIANES DEL SILENCIO


Nadie los llama por un nombre porque, para cuando intentas nombrarlos, ya han desaparecido por completo. Son los habitantes del rabillo del ojo, esas sombras fugaces que culpamos al cansancio o a un truco de la luz cuando estamos solos en una habitación silenciosa. Pero no son ilusiones; son reales, antiguos y, sobre todo, increíblemente frágiles.

No están hechos de materia, ni de energía convencional, sino de atención descartada. Su anatomía es un amasijo de hilos de humo y cristal opaco, con extremidades largas que se pliegan sobre sí mismas como un origami de polvo. Sobreviven de aquello que los humanos soltamos sin darnos cuenta. Nacen, se alimentan y respiran en ese instante exacto en el que entras a la cocina y olvidas a qué ibas, o cuando tienes una palabra en la punta de la lengua y de repente se esfuma. Esos vacíos, esos pequeños lapsos de memoria, son su alimento.

Durante siglos, hemos convivido en una simbiosis perfecta. Ellos limpian el mundo de recuerdos inútiles y de intenciones rotas, y nosotros seguimos adelante, ajenos a su presencia. Hasta que Elías, un viejo relojero acostumbrado a reparar lo imperceptible, decidió que no iba a perder la cordura. Llevaba meses notando cómo las herramientas desaparecían de su banco de trabajo solo para reaparecer horas después en lugares imposibles. Se dio cuenta de que algo operaba en los márgenes de su visión.

Elías no construyó una jaula. Sabía que a estos seres no se los atrapa con hierro, sino con la consciencia. Entrenó durante semanas, aprendiendo a disociar su enfoque, mirando fijamente un punto mientras concentraba toda su percepción visual en la periferia, como un cazador aguardando en la niebla.

La noche del martes, forzó la trampa. Dejó caer a propósito un engranaje minúsculo bajo su mesa, un objeto que su cerebro estaba programado para ignorar y dar por perdido casi de inmediato tras el impacto. Se quedó completamente quieto, mirando al frente.

La temperatura descendió. Un leve crujido, como el de hojas secas pisadas a kilómetros de distancia, llenó el taller. Desde la esquina más oscura, una figura alta, desgarbada y temblorosa se deslizó hacia el suelo. No caminaba, sino que la realidad parecía cederle el paso. Tenía dedos como agujas de escarcha que se extendieron hacia el engranaje olvidado para devorar la intención perdida de Elías.

En ese milisegundo, el relojero hizo algo que ningún humano había logrado jamás: no giró la cabeza. En su lugar, movió con una suavidad calculada un espejo de aumento que tenía preparado en la mesa, rebotando su propia línea de visión directa hacia la criatura.

El ser se congeló, atrapado bajo el peso de la atención humana pura y directa. No huyó, ni atacó. Al ser enfocado, su forma de humo vibró violentamente y luego se solidificó, revelando que su interior no era oscuro, sino abrumadoramente luminoso. En el pecho translúcido de aquella entidad desconocida, Elías no vio las fauces de un parásito. Vio un santuario de lo perdido.

Flotando dentro del ser, brillaban como galaxias encapsuladas las cosas que Elías había olvidado a lo largo de su vida: el timbre exacto de la voz de su madre, la letra de una canción de cuna, el olor de la tormenta en el patio de su infancia, y la sensación táctil del primer abrazo de su esposa fallecida.

La criatura lo miró sin ojos, pero con una profunda y melancólica comprensión. No eran ladrones de mentes ni monstruos acechantes; eran los guardianes de nuestros ecos, bestias de carga que llevaban consigo el peso de los recuerdos que nuestras mentes humanas ya no podían sostener. Se llevaban lo olvidado para que hubiera espacio para lo nuevo.

Elías sintió que una lágrima fría le resbalaba por la mejilla. Con el corazón latiendo desbocado y el alma sobrecogida por la belleza de su propia historia custodiada, hizo lo único correcto: en un acto de profunda gratitud y misericordia, parpadeó.

Cuando volvió a abrir los ojos, el espejo solo reflejaba la esquina vacía del taller. El ser había desaparecido, volviendo al reino de lo borroso y lo seguro. Sobre la mesa, bañado por la luz de la lámpara, descansaba el pequeño engranaje devuelto. Elías nunca volvió a buscar de reojo lo que se perdía en las sombras; comprendió que algunas cosas, simplemente, necesitan ser cedidas a quienes habitan en los márgenes para que nosotros podamos seguir viviendo.

A-M-R

sábado, 3 de octubre de 2026

LA ARENA VOLÁTIL

 LA ARENA VOLÁTIL


Julián lo encontró en una mesa de saldos, entre libros viejos y cámaras rotas. El anticuario, un hombre ciego de un ojo que no parecía interesado en vender nada, solo le dijo: “”Cuidado con las horas muertas«». Julián pagó dos billetes arrugados y se lo guardó en el saco.

Esa misma noche, en su departamento del tercer piso, dio vuelta el reloj.

Al principio, no pasó nada. La ceniza empezó su lento ascenso flotando hacia la bombilla superior. Pero a los pocos minutos, Julián notó el silencio. No el silencio común de la madrugada, sino una ausencia total de sonido. Se asomó a la ventana: los autos en la avenida se habían detenido en seco, los faroles titilaban congelados en el tiempo y un gato en el techo de enfrente había quedado suspendido a mitad de un salto.

El mundo se había frenado, excepto él.

Durante lo que parecieron horas, Julián disfrutó de la quietud absoluta. Caminó por el medio de las calles vacías, entró a una librería cerrada para leer sin apuro y miró la ciudad como si fuera una enorme maqueta de museo. Era el dueño del tiempo.

Sin embargo, cuando regresó a su casa, vio que a la ceniza del reloj le quedaban apenas unos granos por subir. Se sentó a esperar el impacto del regreso a la normalidad.

El último grano ascendió. El tic-tac del mundo no volvió.

Asustado, Julián agarró el reloj y le dio la vuelta con fuerza, esperando que la ceniza bajara y el tiempo corriera de nuevo. Pero la ceniza no se movió. Se quedó pegada en el fondo, compacta y fría. En su desesperación por congelar el presente, Julián entendió la advertencia del anticuario: las horas no se pueden acumular.

Ahora, Julián camina por una Buenos Aires gris y eterna, buscando desesperado otra tienda de antigüedades que rompa el hechizo, mientras el resto del mundo sigue esperando el próximo segundo.


A-M-R


miércoles, 16 de septiembre de 2026

LA CAÍDA

 En la noche solitaria el abismo espera

la luz dormida de la luna siniestra vela,

hay una sombra que percibe la caída

Es el pasado que se deriva primitivo.


Cruzan la fuerza sus espadas de viento,

malgastan sus temores de antaño en años,

luchas sin descanso la partida elegida fue,

los días trascurren inseparables, nadie espera,


Como prueba de olvido el viento ruge áspero

su voz se nutre de canciones olvidadas en la lucha,

hay una larga y merecida calma entre los árboles,

un descanso, una pequeña paz sin la sombra incauta.


El cielo derramó su desconsuelo, y gimió la tierra polvo,

como un soldado luego de una larga batalla encarnizada,

todo dejo de ser, como un instante sin control en la mirada,

como esa valiente flor aun después de ser deshojada.

A-M-R

martes, 8 de septiembre de 2026

DURAZNOS INDIGESTOS

DURAZNOS INDIGESTOS


Ella está cansada

de comer duraznos indigestos,

cansada de hacer fiestas locas

¡Muy cansada!

De escuchar ruidos sin música

¡De soñar con violines!



Quizás podría recuperar

aun la cordura desquiciada del ser

Que sale directo al mundo.


Pero no puede hacerlo,

no puede, no.


Son tantas amargas letanías;

en su sofá

demasiada vacía

De besos y compañía.


Tan cansada va

que se tira de su cama

En busca de la loza oscura.


Ya no quiere más de nada

solo descansar

a la orilla de su desventura,

de su crueldad.


Grita y se descompone

sobre el muro helado

Para calmar su locura.


Quiere salir de la tempestad,

de la noche eterna que la hiere,

grita… basta,

no sabe escuchar su corazón

Que llora solo.



Está sucediendo

lo que ella sabía qué pasaría

Allí en el viento desalmado

Encontró esa inquietud

tan devastadora

Que le robaría el corazón.



A-M-R


ARDIENTE LLAMA

 ARDIENTE LLAMA

Mi corazón se revela subyugado por tu presencia, no es ausencia, él sabe de su latir complaciente, susurrar y respirar en su más íntima fibra, su luz otoñal, en el hueco de tu corazón, palpitando al unísono, la clave está descifrada así se concreta cálido amor, una senda como un río, que destila gota a gota y se convierte en ecos, de una ardiente llama de amor anunciado, hambriento y bravo. A-M-R

jueves, 27 de agosto de 2026

SÍ TE SUEÑO

 SÍ TE SUEÑO


Sí te sueño perdido,

atrapado

En un diario cotidiano.

Arrastrando el aroma

del café,

esperanzado en el devenir

de los días,

impregnado de valentía

entre los grises y negros,

apresado en tu silencio

Apenas distraído.

Te confieso amado mío

qué deseo desnudar tu alma,

escribirte el legado

de la vida, que apresurada

se va alejando cohibida,

y derrochada.



A-M-R



martes, 25 de agosto de 2026

GRACIAS

 Es triste estarlo

es un vacío insondable

un lamento

la realidad siempre duele

hoy al leerlos en comentarios

una puerta se abrió

por ella entro el sol

su luz me embriago de esperanza

me fue formando la vida

con un nuevo amanecer

late mi corazón agradecido

sé, que ustedes están allí

como sé, que lo real está en mí

espero un tiempo de luz

en el silencio que crece para crear

y regresar al mundo 

Que creí perder.

Gracias.


A-M-R

LOS GUARDIANES DEL SILENCIO

LOS GUARDIANES DEL SILENCIO Nadie los llama por un nombre porque, para cuando intentas nombrarlos, ya han desaparecido por completo. Son los...