La espera se apronta a ver el espectáculo que no llega desde
la bahía. El director de la orquesta sigue con sus manos recreando un tiempo
musical.
Las horas giran por el sendero de números perdidos sin
minuteros, la brisa acaricia esos colores dorados que emana del hombre
esperando su realidad subjetiva. El silencio circunda la noche, los ojos
misteriosos se descuelgan de la cara que trasluce la duda del viento y su secreto.
Mira el reloj que gira lentamente, y en su búsqueda del
tiempo se hace huella, un círculo lo traspasa, lo agrade, lo llama silencioso.
El hombre entiende ese latir ensordecedor que va mutando en sus ojos, comprende
lo incompresible en su más íntimo aliento, y descubre la tiniebla perlada en
el último punto de llegada. Sus ojos recorren sombras, colores, deseos y más figuras
que van diluyéndose en su llegada, casi al final el caracol sujeto por números lo
absorben en minúsculas fibras, lo encapsulan, siente el latido que aumenta en intensidad,
advierte el agua que lo cubre, lo contiene… al fin su llanto aflora
musicalmente llora de hambre de vida…
ALESSANDRINI MARÍA DEL ROSARIO







