
Desesperación, que encierra y conmueve
por lo inútil del intento, nunca podrá salir, está terminado su tiempo.
El gigante impresiona, con su voz de piedra, con su voz inquieta.
Sin sonido.
Pero no podrá salir jamás de su encierro, lo aprisiona la sólida estructura del equilibrio no puede moverse, ni mirar, ni respirar.
Es irreal su figura fría, dura, sobre esta escena dolorosa de colores.
Luchan las tentaciones, desplegando formas agónicas en medio de la luz que agoniza de la nada, del silencio.
Brotan acordes melodiosos desde su espíritu, desde el fondo de su alma encadenada al total vació inicuo que es su vida.
De sus desaciertos y tormentos, de sus dichas y desdichas.
Yace inerte, extraño y encubierto su cuerpo, sobre el lecho de piedra y sentimientos
que es su esencia.
Que no deja de sangrar su desesperación, anulado,
solo y triste, sin razón espera el momento final que llegara
donde su desconcierto lo tiene sepultado,
al final de su sombra.







