Solo una llave de plomo y un fusil,
quebrantaron el silencio de la noche en la triste soledad de aquella oscuridad
mortal, donde residía la mujer que nunca encontró su rostro en los sueños del
tiempo.
Un sonido brotó de la nada más
impenetrable, así comprendió que su castigo nunca terminaría.
Buscando el recuerdo de un tiempo ya
lejano, pudo saber que jamás pidió escribir su destino; nunca repitió el mismo
soplo, tenía muchas diferencias con el modo de vida de aquella ciudad donde
vivía. El fusil ardía de óxido permanente de una historia perversa.
Tampoco entendía esa nostalgia que
crecía y estallaba en su garganta, la jaula la tenía maniatada, solo un
resplandor de luz se extendía sobre su rostro bello aún.
La llave la tenía en su poder desde
hace muchas décadas, pero nunca atino a salir al pasillo misterioso, donde
renacía un brote colorido de burbujeando vida...
Alessandrini María del Rosario



