Profundamente triste Marisol contemplo sus ojos frente al
espejo, no quería creer lo que el espejo le devolvía. Un alud de palabras sin
sentido le cayó encima; hiriente, estúpido, egoísta. La soledad de ambos fue
descubierta, estando juntos no podían atravesar esa montaña de incertidumbre,
esa pena que albergaban los dos en diferentes direcciones, pero que se unían en
una sola línea de dolor.
Una lucha continua, perpetua, irracional que no podían
vencer, porque el fuego del atardecer ardía permanente sin tregua.
Marisol soñó desde niña con un amor puro, grande, que nada
pudiera dominarlo quería ese amor elegante, sincero, amistoso pero arrollador y
ardiente, logro conocerlo, logro disfrutarlo, tuvo la oportunidad de ser feliz
un tiempo, el mismo tiempo un día se lo mostró diferente; desde ese momento ardió
en su pecho el fuego de la ira, el fuego que todo lo consume dejando huellas
imposible de borrar, heridas incurables, tiempo perdido dolor y más dolor.
Hoy la sequía dejo sin luz las almas, dejo un desierto sin
sombras, un escuálido esqueleto de ayer vaga bajo el polvo de la frustración, y
el mundo sigue, la vida continua, ellos van y vienen en esas locas caminatas de
espinas, tratando de no hundirse entre sus garras, buscando caminos
alternativos, huyendo de los recuerdos huyendo de si mimos.
Parece una ardua aventura alocada que los deja al margen de
su propia historia, quizás un día esa puerta se abra, esas almas se comulguen y
los sueños que albergaron sus corazones puedan cerrar la historia con un final
feliz…
Alessandrini María del rosario






