
Aquella mañana de sol
enmudeció de frío el rosedal,
el horizonte se baño de niebla,
un sueño escondido voló
flotando en la tibia brisa.
Pedacitos de estrellas rosadas,
se bañaban en plena intemperie,
el arco iris oculto, no se animaba
a salir
temeroso de ser descubierto
mirando a las bellas disfrutar
la siesta
del sol, y lentamente formo una línea
de sur a norte, tenuemente dibujada con
timidez.
Lentamente el rey sol, se fue despertando
y aquellas estrellas enamoradas de él,
marcharon presurosas a cubrir su espacio,
reían de dicha y placer, rara vez podían
disfrutar de un momento tan dulce y encantador,
espiar a su rey, sin que este se percatara,
verlo tal cual, con sus dorados rayos,
venerarlo por la belleza de su color de piel
y bañarse, con hilos tan caliente como el caramelo.
Así ellas contaron, a todos los astros su aventura,
sabían que podían esperar millones de años
para que este milagro volviera a ocurrir.





