
Si regresas al final del camino,
comienzas nuevamente otro andar,
otro destino, desandando lo andado
renovando lo recorrido hacia atrás.
Si desconoces el destino de tus palabras
pronúncialas con cuidado, para que se escuchen,
se lean, se perciban impregnando todo de luz
reconciliándote con el otro, que fluye en tu mundo.
Si no sabes perdonar, no sabes pedir perdón, ni te perdonaron
deja que el agua se funda con tu piel y refresque tus poros
dejándote la sensación y la certeza del cambio operado en vos,
ayúdate con el amor, con la esperanza, con la fe, dejando atrás el odio
o cualquier otro sentimiento que te desestabilicen el orden en tu vida.
Regresa lo andado y corrige, regresa con el perdón y con palabras sanas,
olvídate de las imperfectas impurezas del alma humana, cree en ti, y en los demás.





