
No es día para reproches
escasea el amor y la paz
enredándose el calor
del amor que fluye solo.
Nadie lo atrapa, dispara
corre sin prisa pero solo,
la lejanía es la orilla de sal,
con lágrimas y olor a cemento.
La casa deshabitada sin amor
confunde con sus mentas
y sus mieles olvidadas allí,
al costado de una estrella.
Al sur de sus ojeras verdes
la noche le baja sus parpados,
la mirada muere desquiciada,
así se forjo un destino astral.
Rescatemos el iris dormido,
dejemos partir la indiferencia,
que explote como un pimpollo
el amor que todos necesitamos.






