Hay que buscar en la noche, entre espejos desolados la muestra de
aquel tiempo pasado, sin repetir las instrucciones, bucear para conseguir una
aventura más por las veredas de la vida.
Llenar la copa de champan con
burbujas de pan que de niños solíamos comer deshaciendo sus migas en las manos
vacías de hambre.
Reconocer que la vasta llanura
se extendía más, y más en un infinito que aún persiste en la intimidad, de los recuerdos viejos.
Cabalgar sobre olas incoloras,
al galope tendido para llenar ese vació inconmensurable que no deja de extender
sus garras filosas a nuestra vana gloria del ayer.
Si el hoy, es un nudo
inagotables de cables anudados que nos muestra aquello, tan lejano y oculto
imperio del alma, que fue apacible rico, y poderoso.
El presente se ausenta del
mañana, cobra vida la desolación que perdida naufraga aun sin ser avistada por
la órbita de lo desconocido.
Todos vemos pasar, lo que
no pasa, porque estamos inmersos en un mundo donde los hombres son autómatas
que caminan sin rumbo, por sendas que ellos mismos fueron construyendo a lo
largo del tiempo inexistente que se creyó
ver, pero que no existió jamás.
Quizás podemos tratar de
reconocer aquello que nunca sabremos ¡o si! , quizás alguna noche de esas, que
nos dejan buenas nuevas, esperanzas, y razonamiento podamos vernos en algún
punto de nuestra existencia.
De lo contrario el frío respira por las antenas del desconsuelo,
no aprieta, nos ajusta al movimiento que no deseamos trasmitir ni tan solo
conocer…
ALESSANDRINI MARÍA DEL ROSARIO
ALESSANDRINI MARÍA DEL ROSARIO





