Una mañana seca, tibia salio su esencia, recorrió su sustancia,
el mar hambriento, le mojo entre sus doradas arenas revoloteando,
jugando con el viento desarmo un remolino que se elevaba.
deshojo una mirada de nube blanca que lo acunaba.
Clavo un espejo redondo en cada cresta, siluetas brotaron como las sombras,
se sentó en la cornisa azul del agua, chapoteo con la sal de mil colores,
así se fue quedando entre vaivenes con la flor del océano ya madurando,
creció entre las rocas que se amontonan cuando la marea se va alejando.
Hombre niño, hombre grande, vio volar en la noche su alma tierna,
consiguió que una estrella lo acompañara, fue su musa, su hamaca, su hermana,
pero un día de lluvia llego en la tarde coronada de hadas y pica flores,
llevan doce la inocencia por los pasillos de aquellos que viven siendo inmortales.