
La sala estaba en tinieblas,
solo navegaba la noche
ella no asistía a su pena
se dejo fluir sin recuerdos.
Se alejo de sus pesares,
elevo su mente a la felicidad
no quiso saber de sombras
acechándola con placer.
En esa sala de azul lobreguez,
dormía el miedo aprisionado
sobre sus frías paredes corroídas
yacía el rencor, la frustración.
El silencio se confesaba callado
solo el reloj que nada entendía
marcaba la hora atemperando
ese pequeño sueño a despertar
Sucedió como si el sol penetrara
con sus rayos aquella oscuridad
dando su eterna luz al desencuentro
rugió la voz consiente al recordar.





