SOLO ÉL


Encadenado al fogón, el gaucho cuida su fuego, espera que las visitas no se sientan de afuera, le dijeron que llegaba mucha gente, turistas de lejanos países a probar la carne regional, y lo mandaron para que la cocine, pues el Evaristo es uno de los mejores parrillero del poblado, y además simpático y entrador, así él se fue para la parrilla.

Había puesto sobre ella 200 chorizos, 70 kilos de carne, chinchulines, morcilla casera, riñoncitos, y además otra pequeña sorpresa cazada por él mismo, lo cual le daba a la comilona una característica bien de campo.

Cuando todo estaba listo y la gente se había acomodado, el Evaristo comenzó a llamar a sus ayudantes para servir primero la parrillada, y luego la carne, todo estaba más que bueno, además la gente, alegre comentando y relojeando semejante comilona, los mas cancheros que ya sabían de este premio campero, que se acostumbra mucho en las pampas gauchas felices esperaban poder saborear tal manjar, comenzó la ronda la gente fue comiendo libremente y cada vez con más apetito los manjares que el asador les mandaba a su mesa, la noche estaba llegando como si sintiera el olorcito tan pintoresco del lugar, se fue asomando como una sombra apenas dibujada, lentamente, para que nadie se asustara de su presencia, luego posó su manto sobre todo el vasto campo, y los astros que esperaban por ella primero comenzaron a descender para acompañarla, la luna salió redonda, majestuosa, su color se reflejaba en los rostros de los comensales, que alegres soltaban chispitas amarillas con ojos brillosos, todo estaba en lo mejor.

El postre llegaba servido en copas y platos decorados para la ocasión, el punto mágico fue cuando las estrellas coquetas hicieron su aparición, magnífico espectáculo, sombras multicolores saltaban de rama en rama, nadie se dio cuenta, nadie pudo darse cuenta, que el Evaristo había perdido su presa, esa, que él quería servir a modo de sorpresa, para que todos fuera un poco mas de tierra adentro, comenzó su búsqueda en la cercanía, pero ya era tarde los cimarrones se habían encargado de él,
Los encontró desgarrándolo en mil pedazo, jirones en las bocas chorreantes de los malditos perros, que lo habían prohibido de tan bello momento, de rabia saco su facón, y comenzó a matar a los perros, tratando de sacarles la carne hecha jirones de su patrón.

Comentarios

  1. excelentes imágenes las de tu relato.
    un abrazo

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  2. Me dejaste sin palabras.....
    Besos.

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  3. Muy interesante relato me gusto
    un beso corazon

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  4. Ay Rosario,

    tu relato me dejó así como decir..., con los pelos de punta... pero tengo unas ganas de probar el asado argentino que no te imaginas...:=)

    beso y buena semana.

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  5. Excelente relato, me encantó. Muy buenas imágenes y secuencias. ¡Felicitaciones! Un abrazo grande

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  6. Hola amiga que buen relato,tanta cosa
    tanto asado si hasta me dio hambre.
    Cariños amiga que tengas una bella semana.

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  7. María del Rosario:
    waw qué relato.
    tuve una mezcla de sensaciones encontradas.
    la foto despierta las ganas de comerle al asador su asadooooooooo.
    besos

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  8. Un gran relato... ufff y que final, me dejas los pelos como escarpias...

    Muy bueno. Un abrazo.

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  9. Hermoso relato amiga, las pampas argentinas y esos asados gauchos que deben de ser exquisitos y un final espeluznante dandole el climax que se merece a tu exelente narracion, bello muy bello...

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