
Ella está cansada
de comer duraznos indigestos,
cansada de hacer fiestas locas
muy cansada,
de escuchar ruidos sin música
de soñar con violines.
Quizás podría recuperar
aún la cordura desquiciada del ser
que sale directo al mundo.
Pero no puede hacerlo,
no puede, no.
Son tantas amargas letanías;
en su sofá
demasiada vacía
de besos y compañía.
Tan cansada va
que se tira de su cama
en busca de la loza oscura.
Ya no quiere más de nada
solo descansar
a la orilla de su desventura,
de su crueldad.
Grita y se descompone
sobre el muro helado
para calmar su locura.
Quiere salir de la tempestad,
de la noche eterna que la hiere,
grita... basta,
no sabe escuchar su corazón
que muere solo.





