
La oscuridad
entró por la rejilla
del cielo raso.
Penetró mi piel
mis ojos y mi rostro
serpenteándome.
Me acorraló
apretándome fuerte
con su cinto gris.
Carcomiéndome
en las sombras que pujan
por penetrarme.
Casi sin fuerza
me levanté en alas
de esperanzas.
Y fui dejando
el recinto oscuro
sobre colores.
Llegó la hora
de romper las miserias
y las cadenas.
Me siento libre
cual mar y cielo azul
soy su criatura.
Purificada
por la luz que me baña
bajo la lluvia.
©medianoche






