
Desde el fondo amarrada me aferro
a la existencia, a la libertad, a la vida.
Son mis manos incrustadas a la promesa,
yo misma que no quiero envejecer,
detrás de mi propia indiferencia.
Es mi alma que se pliega a mis manos,
es mi esencia que no quiere partir,
este trance, esta lucha encarnecida
ondulada, cautiva que no quiero entregar.
Batallo con la fuerza cristalina de la infancia,
busco el sonar de las campanas, el milagro de su brillo,
me adueño del sonido, perforo su organismo abismal
en un intento profundo de volar, despojada de mis alas
navego profunda al encuentro de mi unidad .





