Un ave surca mi cielo,
y al mirar sus alas
mis palabras remontan vuelo.
Me embriago de luz,
de luceros florecientes,
entretejida de nubes.
Mis versos con su tinta
dejaban huellas en sus extrañas,
luego la noche y el silencio
adormece, raíces e ideas.
Mi imaginación despierta
muy lejos mientras volaba.
Las estaciones corrían historias,
musite mis vocales, y baje del
ensueño.
Aquella luz fue cristal de estrellas
en el costado de mis versos,
acaricio mi poesía en silencio.
Al cuajar la noche fui descendiendo
hasta alcanzar la hierba,
impregnada de mí esencia.
Alessandrini María del Rosario






