
Te encontré impetuoso, ardiente
tu boca de fuego
desbordando amor.
Te anhele
como un almendro
acariciado por el viento
azul,
como un sol naciente
entre cristales de fuego
de risa bravía.
Me sedujo tu voz, tu aliento,
tu pecho, tus manos,
tus ojos.
Te sentí vibrar junto a mi piel
como una hoja ceca,
roja y cruel.
Me despedí sin sentirte llorar,
sé que tus lagrimas
derramadas se disolvieron
sobre el polvo
de tus huesos
junto a las piedras.




