
La carcasa de ese corazón
está intacta; solo falta el músculo
y la pequeña vela que fluya.
Sin pausas se busca una hoguera
que abrase y concilie el retorno
de la luna perdida en la duna.
La fragancia de tu alma se anima;
un canto lento en la cascada se abre,
tu voz resuena a lamentos y pena.
Cosquillando en el aire la bruma
te suma, te resta, te calma, te inventa.
Húndete en el espejismo de tu calle.
Fíjate en las hojas verdes de tu planta,
en los frutos aferrados a sus ramas.
Buscar el comienzo de un todo es leal.





