

Silvestre flor
vive tu corta vida
entre las piedras,
de la mañana primaveral.
El sol naciente
cae en el lago de tu mirar,
mis pies descalzos
en el río fresco duermen.
Hay trinos de pájaros
y la fragancia montañés
es un espejo de colores
en la magia del atardecer.
Hay hojas verdes, secas
trasnochadas,
dibujando los ojos de la luna.
La suave brisa sus hebras
abrazan la montaña, la libertad.
Vientos que pasan
formando abiertas alas,
cual mariposas entre ríos inquietos
dejan eternos suspiros
flotando en el silencio azul.
Todo es parte de mi viaje.




