
La soledad del alma, la soledad del cuerpo
inmóviles y grises
se expanden, se apresuran.
Triviales episodios, desventura,
de la razón que cuelga en la fisura,
cayendo sobre el musgo azul de la locura,
párpado que se asoma tímido y se esconde.
Se apacigua la savia, la lengua duerme tibia,
sugerente la sombra del perfil se descuelga,
simbolizando el tiempo a orillas de la vida,
vértigo en las tinieblas que oscura estremece.
Se aburre la nostalgia desafiado la magia,
se ahonda en suspiros la piel sepia,
lejos del roció blancuzco y frió.
Lejos del otoño de ayer, dóciles y ausentes
huecos ya fenecen entre sobras acuáticas,
entre valles de fiebre remonta, se vislumbra
Con sus alas abiertas,
siluetas misteriosas, arabescos en sombras.

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