
Dorados girasoles se despliegan sobre el pavimento gris, el viento rezongando los dejo allí, pasan aves y mariposas los pétalos se rompen con el calor y el hollín de los coches que cruzan por esa ruta de campos, de perros hambrientos y salvajes que acarician feroz su dorada piel de aceite y miel, las abejas remolonas se escapan de su cajonera para huir con los últimos que el viento en remolinos los lleva en subidas y bajadas, haciéndoselos desear a los demás insectos del lugar, hay golpes sobre sus pedacitos ya incoloro, golpes… y su néctar salta y se desparrama en un vuelco de humedad sobre la superficie que los acoge sin voluntad, son pequeños pétalos que danzan, que se pierden como tantos otros entre los rayos del sol, ya no esperarán como los demás girasoles jugando con el viento de cara al sol que la figura del hombre los coseche, ellos se fueron para no regresar, es el porcentaje de ésos… que se pierden para que otros… ocupen su lugar.





