
Sombra de pensamiento
vaivén que deriva en viento.
Letargo cotidiano de reflejos
que brillan en la bruma
en forma de lágrimas,
simulando una tempestad
que agoniza desolada.
Cautiva, acongojada, inútil,
va huyendo del ayer, de días,
porque no percibe el hoy,
navegando con su vela, desnudo.
Sin rumbo fijo, levitando, aguardando
la saeta azul que añoran sus ojos,
su piel, su cuerpo inofensivo, lacerado,
sin atenuantes valederos.
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