Delirio,
la tierra caliente,
el mar que fluye
sin sondas.
Sangran las algas,
los peces con sus moños
de seda negra
nadan salpicando
el desayuno
del ballenato.
Ternura
acumulada en la piel
del desdentado hombre
de papel que viaja
solo y sonriente,
por ese túnel de la muerte.
Explosión sideral
en movimiento,
aguas frías, aguas claras,
el viento sus velas aleja
de la orilla.
Se marcha ya, fundido con el cielo,
anudado a su crucero de algas,
de sol y lunas trasnochadas.





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